domingo, 1 de octubre de 2017

Despojo antropológico


El éxito del neoliberalismo, entendido éste como la revolución ideológica reaccionaria que logra aglutinar y exacerbar las miserias humanas, consiste, fundamentalmente, en haber logrado -de manera fulminante- desangustiar al ser. Un ser humano sin angustia es incapaz de tan siquiera sentir la necesidad de devenir sujeto social; el ser desangustiado divaga o deambula en una esfera pública que no le pertenece y que apenas observa. ¿Cómo devolver la angustia a lo humano? Primeramente habría que desmontar el andamiaje tecnológico asociado al estallido alevoso de luces artificiales y a las necesidades superfluas que reducen el razonamiento a un entramado donde el consumo voraz es el principio, el medio y el fin de lo que llamamos vida. ¿Cómo amar, odiar y crear sin angustia? La virtualización como centralidad de la cotidianidad nos despoja de las esencias necesarias para ser capaces de sublimar el tiempo. El individuo, hoy asfixiado en su egocentrismo e inmerso en la más profunda soledad, transita de manera festinada a su monte Calvario, desprovisto de toda posibilidad de perpetuar la ilusión o la fantasía asociada a la vida. El galopante narcisismo, estimulado de manera sofosticada por la parte más banal de la tecnología, ha contribuido exitosamente a profundizar la falta de empatía y la desidia, así como a la desnaturalización voraz del homo sapiens. El sendero global del artificio es sólido y atractivo, y por él nos desplazamos uniformados y rehenes de un vacío existencial que nos sitúa cada vez más lejos de la quimérica libertad.

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