jueves, 22 de noviembre de 2012

Peteco: más allá del genio


Conocí a Peteco en mis años de estudiante en la Escuela Vocacional Lenin; siempre me pareció un tipo excéntrico y sobresaliente, brillante y audaz. Pero es que el Peteco adulto reveló la genialidad de un ser inmerso en los estándares más profundos de la sabiduría. El Peteco actual conoce el arte de vivir: sujeto frugal y lento; aislado en una autarquía ontológica que, sin embargo, no le impide el deambular firme y con sosiego. Peteco es una suerte de árbol arraigado a esa isla hermosa y mística que es Cuba. Taciturno y poseído por una melancolía que acompaña siempre a su sombra, este hombre es, de cierta manera, representación de la consagración del espíritu.

Foto: Peteco en La Habana (6 de nov de 2012)

lunes, 19 de noviembre de 2012

"La preocupación", de Angel Alonso


Llegué hasta "La preocupación" de Angel Alonso a través de una suerte de intuición extrasensorial. Me detuve ante esta obra y, de súbito, percibí la filosofía que emerge detrás de su creación. Afinidades en el tiempo y el espacio y compatibilidad de angustias me llevaron a arrancar este lienzo de sus raíces insulares; mudarlo en la geografía consciente del pecado que esto implica y que, sin embargo, he decidido asumir. La imaginación artística de Angel Alonso vuela traspasada por el dolor del ser y el tiempo, así como su devenir agitado en el asfalto de este Occidente trasnochado en su frivolidad. Hoy, "La preocupación", de Angel Alonso, se exhibe con nostalgia y orgullo en una de mis paredes.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Israel


Quizás no haya habido en toda la historia de la humanidad noción más
peligrosa que la de "Pueblo Elegido", noción que niega la condición de
humanidad a cualquier otro que no sea de los suyos, y que ha
construido todo un aparato teológico-ideológico (con unos textos
canónicos, Antiguo Testamento, donde las palabras guerra y sangre son
las más comunes) para eliminar al otro.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La Habana: casi ocho años después



Me reencuentro conmigo mismo, sorpresivamente. La ciudad y su gente transitan un tiempo noble y agitado por una cotidianeidad que se debate entre la queja grácil y el ocio no conscientizado. Calles y avenidas principales más limpias; arterias y otras menos visibles constatan el maquillaje de un paisaje siempre solidario. Menos policías y más cámaras de vigilancia en las calles hacen, de La Habana, una ciudad común denominador de este mundo globalizado. El cielo recobra el celeste habitual; la oscuridad en las calles del hermoso barrio de Miramar me acerca esa rabiosa constelación de una Isla embrujada por el bienestar de su telurismo. ¿Hechizo o embeleso místico? Algo difícil de racionalizar y quizá innecesario.

Foto: Sábado de la rumba en el Gran Palenque (calle 4 entre calzada y 5ta en el Vedado)