jueves 26 de enero de 2012
La metáfora del Costa Concordia
Si nuestra vida está enferma también ha de estarlo nuestro arte; y sólo podemos devolverle la salud empezando de nuevo, como niños o como salvajes... Vuestra civilización es vuestra enfermedad.
Paul Gauguin
El hundimiento del Costa Concordia va más allá del descalabro de un obsceno barco repleto de ilusión pasajera; este suceso representa en sí mismo y, con precisión, la imagen del naufragio de una civilización. Civilización a la que le ha bastado sólo poco más de doscientos años para ser testigo de su propio funeral.
De nada sirvieron el "triunfalismo" antropocéntrico -sustentado en el racionalismo occidental- y el despliegue de la más sofisticada tecnología, impulsada, a su vez, por una cantidad demencial de combustible. Un simple error humano provocó semejante zozobra. Porque es precisamente lo humano la condición olvidada por la desmesura del modelo occidental de vida que se nos ha impuesto, y que nos ha sumergido en un limbo existencial donde la primacía de la razón ha anulado los presupuestos emocionales y vitales imprescindibles para nuestra estadía. Si bien es cierto -como dice Ernesto Sabato- que es exagerada la afirmación de Kierkegaard que "las conclusiones de la pasión son las únicas dignas de fe", también es una realidad, hoy en día, lo contraproducente de la supuesta razón pura como paradigma existencial de nuestra cultura occidental.
La cosificación del ser ha llegado a un punto tal que ya ni siquiera somos capaces de subjetivar nuestras emociones. Moldeado en factoría, el sujeto ha devenido masa uniforme y estandarizada incapaz de comprender la dimensión metafísica que nos vincula, inexorable, con la Madre Naturaleza. Con soberbia y arrogancia nos hemos divorciado de los principios fundamentales de armonía y convivencia necesarios para el bienestar. Hemos sido incapaces de entender nuestra democrática y universal finitud, en nombre del artificio y los condicionamientos más triviales que jamás se hayan creado.
No es exagerado afirmar que nuestra vida está enferma. Enfermedad crónica que nos priva de la más elemental y primitiva aspiración del ser: la libertad.
Obsérvese detenidamente la foto ruinosa del Costa Concordia, y entiéndase entonces el cataclismo de nuestra civilización. Metáfora de lujo como representación de nuestra miseria ontológica.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada