lunes, 19 de diciembre de 2011

2011, pesimismo y fascismo de baja intensidad

Lo imposible sólo tarda un poco más...

Fue Benjamin Franklin quien dijo que "aquel que sacrifique su libertad por seguridad no se merece ninguna de ellas". Este año 2011, que en pocos días llega a su fin,  nos ha servido para recordar las certeras palabras del que fuera uno de los grandes fundadores de los Estados Unidos de América.


El capricho característico de todo reciclaje histórico ha decidido poner al mundo a las puertas de un fascismo de baja intensidad y que amenaza con profundizarse.


El Senado de EE.UU. ha votado un proyecto de ley que le daría al Presidente la capacidad de ordenar a los militares que detengan y encarcelen a ciudadanos estadounidenses en cualquier parte del mundo por un período indefinido de tiempo; los asesinatos extrajudiciales (también de ciudadanos estadounidenses) son parte  de una nueva política gubernamental que ya no distingue en cuanto a nacionalidades ni ciudadanías; el gas pimienta, los bastones y otras armas "no letales" son la respuesta por parte de las autoridades de este país contra un grupo minúsculo de indignados que protesta, no por un cambio radical del sistema, sino por recuperar su estatus privilegiado perdido a causa de la codicia y la perversidad de una muy pequeña minoría. La arrogancia e irracionalidad del poder financiero por un lado, y la brutalidad y el salvajismo de las fuerzas policiales que actúan en defensa de los intereses de aquellos, por el otro, dan como resultado una sociedad dispuesta a anular todo disenso que vaya en detrimento de los intereses corporativos.  Sociedad decidida a no permitir el más mínimo desorden de un rebaño conducido a golpe de una única y falaz libertad: la libertad de consumo. El binomio partidista que caracteriza las elecciones ha devenido cada vez más un circo mediático insulso, donde el dinero y el cabildeo estrecho son los grandes protagonistas de una democracia hundida en la corrupción y el clientelismo.


Europa, por su parte, agoniza aferrada al euro como moneda coercitiva y último estertor de una Unión que, desde sus comienzos, no pocos analistas supieron atisbarla como un fracaso. Tanto en Grecia como en Italia, existen actualmente gobernantes que el pueblo no ha votado sino que han sido impuestos por el mercado global. Mientras tanto, la socialdemocracia es un cadáver que está siendo enterrado por una derecha xenófoba y racista; esto, en gran medida, debido a la ineptitud y el mimetismo que flagela a la izquierda en el Viejo Continente. Izquierda que padece de una orfandad casi ontológica.


Por otro lado, América Latina y el Caribe se diluyen en falsos e hipócritas intentos. La recien creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), no es más que un engendro que, escudado en la retórica antiimperialista, está destinada a la insignificancia y la intrascendencia. Y está condenada, en principio, porque su espíritu es totalitario y ambiguo; porque la verdadera ideología detrás de ese proyecto es autoritaria y su metodología es, en esencia, corrupta. Usar el término "Comunidad", para nombrar un proyecto político con un liderazgo caracterizado por el aferramiento al poder y el egoísmo es, cuando menos, una aberración.


La solución a tanto desconcierto la dejo para los optimistas o para aquellos poseedores de una fe inquebrantable. A mí, en cambio, la realidad me sume en la desesperanza. El ruido, las guerras, el desamor, la impiedad, el consumo voraz y el individualismo feroz tan perpetuos, sin entrar a profundizar en las características sofisticadas y nefastas del Gran Hermano hoy en día, me hacen desconfiar o descreer de aquel Gramsci que planteaba que "nada puede permanecer como hegemónico durante mucho tiempo si carece de legitimidad". Más bien creo que estamos perdiendo de manera global, inexorablemente,  nuestra libertad en nombre de una falsa seguridad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Está muy acertado este artículo de opinión que has escrito. Se ciñe a la estricta verdad.
Es un excelente retrato del mundo actual, sin embargo, hay que darle un poco de esperanzas a la CELAC porque algo hay que hacer para lograr cierto equilibrio. De lo contrario, el león se comerá al mono y, éste no podrá decir ni "¡Ay!"

Longina.

Alexis Figueredo dijo...

Tu esperanza respecto al CELAC es muy genuina; también es válido tu argumento en cuanto a la imperiosa necesidad de un equilibrio. Gracias por tu comentario.