viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Alerta!


Me tomo unos minutos en la víspera de Año Nuevo para recordarles que, en Haití, las muertes por cólera ascienden a más de 3000. Más de tres mil muertos en tan sólo diez semanas, desde que esta mortal epidemia fuera diagnosticada. Meditar sobre lo que ya parece una pandemia nos hace un poco mejores. Sensibilizarnos con tan pobre y sufrida gente contribuye a nuestro bienestar espiritual.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Final de un decenio



"Apagad la televisión, os miente"...  decían los manifestantes de 1968. Más de cuatro decenios han pasado y su llamamiento guarda toda su pertinencia.

Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Desde mi mentalidad mochilera atisbo mucha sed global. Sí, gente sedienta -cada vez más- de consumo; pero la sed más grave que se nos avecina llega sin metáforas: por ejemplo, un texto investigativo nos informa que "Los últimos cálculos dicen que la demanda de agua por parte de la industria china pasará de los 52.000 millones de m3 anuales de 2005, a los 269. 000 millones de m3, en el año 2030. Actualmente, los usos no agrícolas representan el 15% del total del consumo, pero se quintuplicarán. Sin embargo las demandas agrícolas también lo harán, haciendo que la situación hídrica china sea gravísima". En Argentina, por ejemplo, hay quienes creen que sobra el agua; y es por esto -supuestamente- que se pueden dar el lujo de exportarla en grandes cantidades a Japón. Esta creencia pierde de vista, por su puesto, la realidad objetiva que padecen millones de pobres (sobre todo en el norte del país) quienes, bajo condiciones muy precarias de vida, no tienen acceso directo al agua potable.  
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Con la utopía como norma blasfemo y maldigo, pero no me salvo de lo infecto. Con la utopía como norma huyo del Norte musculoso y decadente; ese que hoy da muestras de un agotamiento cívico y social de grandes proporciones. El mismo que busca salvarse (kevorkianamente) mediante la fuerza diplomática y las guerras. EE.UU. asiste inexorablemente a su muerte por eutanasia. 
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Pero, ¿qué pasa en el sur? Dice el romántico y esperanzado Leonardo Boff que "es el continente que más posibilidades tiene de una contribución positiva a la crisis ecológica: tiene los más grandes bosques húmedos y reservorios de agua, la más grande biodiversidad y tal vez las extensiones más grandes para cosechas." Para luego añadir: "Pero todavía hay una insuficiente conciencia ecológica en gran parte de la población. Y, por otra parte, hay una invasión muy riesgosa de grandes empresas que se están apropiando de vastas regiones. Es una apropiación de bienes comunes en función de beneficios particulares." Hombre brillante pero ingenuo, mi estimado Boff. Es más complicado el asunto (acá) en el cono sur. Boff le apuesta con pueril esperanza a países como Argentina, Brasil, Chile y Venezuela donde , según él, "de a poco se están dando cuenta del juego nuevo del capital: una gran concentración de medios de vida para garantizar el futuro del sistema." No puedo estar más en desacuerdo con lo anterior; y es que, en ocasiones, el deseo genuino nos embarga el intelecto y la capacidad de percepción objetiva.
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Ligero, muy ligero, logro casi acariciar la levedad del ser, esa de las que nos habla Kundera; y es entonces cuando el amor trata de imponer sus angustias para recordarnos cuán difícil es la encrucijada de esto, a lo que llamamos vida.
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Franco Berardi nos da su complicado y abstracto diagnóstico: "El intelecto general busca un cuerpo"; "La fusión entre arte y activismo ha acentuado la inefectividad del gesto"; "Se acabó el cinismo". Berardi concluye su radiografía del decenio con derroche de optimismo, y nos dice que "La patología financiera ha devastado el cuerpo y el alma de la sociedad europea, de modo que ahora Europa es un zombi. El movimiento del trabajo cognitivo insurgente asume la tarea de inventar una nueva Europa, emancipada de los dogmas de la competencia y la acumulación. Europa renacerá gracias a la aparición del cuerpo social y erótico del intelecto general, gracias a la insurrección de la inteligencia sensual del movimiento. Europa podrá ser entonces un lugar de solidaridad y de belleza." Es decir, según Berardi la sensibilidad sustituirá a la conciencia del imaginario colectivo, dando como resultado el triunfo del amor. Otro profeta que pontifica en nombre del bien.
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Pero, ¿y Africa? ¿Estarán mis raíces dispuestas a salvar mi existencia? ¿Tendré yo el valor de asumir la precariedad encinta de ese continente, desde la elitista subjetividad de mi ser? ¿Será mi vuelo osado y consecuente?  La respuesta es No. Porque el silencio como prioridad en la vida conlleva al egoísmo, a salvarse lejos de la estridencia. Y es que el ruido está muy arraigado en el anhelo superfluo; a los condicionamientos históricos que institucionalizan la pobreza y la mala educación.
Termina el primer decenio del siglo XXI, y yo... siempre huyendo. Huyo del ruido, de la basura, de la miseria, de la riqueza, del rico y del pobre, del educado postizo y del mal educado con ínfulas. Huyo del falso optimismo y del pesimismo usurero. Huyo de todos y de todo. Simplemente huyo.  

martes, 28 de diciembre de 2010

Adriana Calcanhotto


Esta fina y bella mujer ha sido dotada con voz y melodía de Diosa. Adriana Calcanhotto tiene además la suerte de ser brasileña; bendición esta que le otorga sensualidad, ritmo, y una especie de pertenencia umbilical con la música muy sui géneris. Pero es que, como si todo esto no fuera suficiente, ella  también toca con virtuosismo el cello, la guitarra y el piano.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¿Feliz Navidad?



"Habéis matado nuestro futuro", gritó este pobre y desesperado hombre, padre de dos hijos, uno de ellos autista. Sucedió ayer durante una sesión del Parlamento rumano, donde se debatía la aprobación de nuevas leyes de recortes en gastos sociales. Hombre - síntoma de los tiempos que corren. Hombre suicida del siglo XXI, incapaz de soportar la realidad que ferozmente lo anula. Discrepo de este hijo de la desesperanza en cuanto a los tiempos: creo que, lo que matan, no es nuestro futuro, sino nuestro presente.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Barrio chino


El barrio chino de Buenos Aires no le hace justicia a la presencia y pujanza de los inmigrantes de ese país. Contrariamente al muy pequeño espacio que ocupa en el bulevar donde está radicado dicho barrio, la comunidad china, asentada en la capital de este país, se incrementa y gana en importancia que amenaza con un rol protagónico en muchos aspectos. Resulta interesante constatar la audacia, capacidad y voluntad de este grupo social a la hora de insertarse en la economía y la dinámica de una cultura tan distante y diferente. Como hormigas pragmáticas y globalizadas, los integrantes de esta comunidad imponen su ritmo y disciplina social logrando penetrar, con firmeza y de manera estable, muchos sectores importantes de la vida porteña. Me atrevo a afirmar que, en lo concerniente a la gastronomía y el mercado minorista de alimentos, así como los pequeños supermercados, los inmigrantes chinos, junto a los coreanos, dan muestra de  un empeño capaz de poder imponerse en un futuro muy cercano en esta ciudad. Se hace muy curioso observar como los encantados porteños acuden, casi eufóricos, al barrio chino para consumir todo tipo de productos: desde el pescado más fresco y barato, pasando por los productos típicos, hasta la mierda plástica y con brillo que, con tanto ingenio, los alquimistas asiáticos fabrican. En el barrio donde resido, por ejemplo, el único establecimiento (muy pequeño) capaz de ofrecer  - a cualquier hora - el pan caliente es propiedad de una familia china. Y es que los hijos de la China comunista que logran zafarse del adoctrinamiento y el dogma, dan muestras, una vez fuera, de ser alumnos naturales y aventajados de Adam Smith y David Ricardo. Demostrando, de esta manera, que están en las antípodas del comunismo trasnochado y del capitalismo corporativo decadente.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Akwaba



La palabra akwaba pertenece a la lengua akan (también denominada twi) y es oriunda de Ghana; traducida al castellano significa bienvenido. Pero Akwaba es también el nombre de un bar -aquí- en Buenos Aires. Ubicado en el corazón del viejo San Telmo, Akwaba constituye una suerte de rinconcito africano que se distingue y le aporta a esta ciudad un encanto sin duda importante. A través de una hermosa y genuina sonrisa una joven haitiana nos da la bienvenida, haciendo que los espíritus de nuestros ancestros se animen al ritmo de la cerveza y la música de Ali Farka, Salif Keita, Tinariwen y Habib Koité, entre otros. En tertulia improvisada con esta hija de Puerto Príncipe, descubro que es capaz de comunicarse, a pesar de su juventud, en cuatro idiomas: francés, creole, español e inglés. Más allá de las lenguas que nos permiten la comunicación inmediata, existe, de súbito, una identificación -casi telúrica- que hace muy amena y especial nuestra estancia. Suerte de lugar que nos obliga, sin titubeos, a regresar y adoptarlo como uno de nuestros refugios espirituales.

lunes, 13 de diciembre de 2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

Occidente: razón y desacuerdo

“La racionalización tiene una obsesión: hacer legible lo real. Se ha dado a la palabra realidad un sentido restringido: no se ve en lo real lo indomesticable, aquello que al mismo tiempo somos y nos oprime, estimula, enciende, abruma, aterra o enamora.” 
María Zambrano

Desde la antigua Grecia, cuando se le adjudicó a la razón la potestad absoluta a la hora de establecer la verdad; y se instituyó ésta como mediadora única de las percepciones que conforman nuestra realidad, los occidentales padecemos el síndrome de la inconformidad y el desacuerdo. Nada nos sacia y casi nada nos complace a plenitud; tampoco somos capaces de ponernos de acuerdo a la hora de concederle toda la admiración y el respeto a quien lo merece y cuando lo merece. Esta imposibilidad está muchas veces sustentada en los entresijos que la misma razón establece: la duda, la paranoia, el escepticismo, el nihilismo y otros, que son manifestaciones -aunque en ocasiones válidas- que deben ser reguladas por la lógica. Cuando la supuesta razón no viene acompañada de la lógica se crea un terreno muy fértil para el libre albedrío del cinismo, la hipocresía, el oportunismo, la falsa diversidad de pensamiento y la proliferación del análisis trivial que viene a desvirtuar la esencia y el rigor de los sucesos objetivos.

El último suceso importante que viene a corrobar lo anterior está relacionado con la friolera de comentarios y análisis que se han desatado a partir del fenómeno Wikileaks, y su figura más pública y emblemática: Julian Assange. Lamentablemente, han sido muy pocos los artículos o textos que he leído donde no exista un pero o una descalificación; donde no se acuse a Wikileaks de estar al servicio de algún bando ideológico (ya sea de izquierda o de derecha), o que se tilde suspicazmente de chisme la información aportada, tratándo de trivializar el contenido y el espíritu de lo que se nos presenta.

Se hace necesario reafirmar el derecho inalienable que existe a la hora de poner la razón (libremente) en función de cualquier comentario o análisis; así como también subrayamos la importancia de la libertad de expresión como vehículo de la democratización del pensamiento. Ahora bien, ¿está la lógica activada y en el primer plano del análisis en estos casos? La lógica pura debería invitarnos a objetivar racionalmente los hechos. Entonces podríamos estar de acuerdo en que, la revolución mediática que ha ocasionado Wikileaks, está sustentada en hechos concretos, verificables y que denuncian la falsedad, la mentira y el peligro al que estamos sometidos los seres humanos hoy en día. Deberíamos estar de acuerdo, también, en lanzar una campaña unánime y vehemente donde se exija la inmediata liberación de Julian Assange, quien es víctima de las patrañas del poder establecido globalmente. Deberíamos, en nombre de logos, postergar los superfluos análisis acerca de Wikileaks y Julian Assange, y que van en detrimento del impacto positivo y necesario que su labor tiene para la humanidad en estos momentos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Plátano de sombra


Aún cuando es el Ceibo el árbol nacional de Argentina, y que la belleza de éste es sin duda ostensible, se me hace necesario dedicarle unas líneas al plátano de sombra. Me atrevo a decir que, es el plátano de sombra, el gran protagonista de las primaveras de Buenos Aires. De corteza pulida y con apariencia juvenil, la piel de este majestuoso árbol invita a contemplarle con detenimiento y hasta abrazarle. El plátano de sombra es capaz, no de ningunear a los orgullosos jacarandaes que merodean por las calles porteñas, pero sí de robarles el rol protagónico. Generosidad y estética definen la importancia de este árbol. La sombra; el oxígeno; la constatación de la brisa, junto al verde que su ramaje destella, le otorgan al plátano de sombra una jerarquía que lo convierte en una especie de patrimonio para la capital de este país. No existe, casi, una avenida, calle o arteria de esta ciudad, que no esté bendecida por estos hijos privilegiados de la naturaleza.

jueves, 2 de diciembre de 2010

De la esclavitud doméstica


El oficio de mamá Inés es tan antiguo como el de la prostitución. Históricamente la esclavitud doméstica ha estado estrechamente vinculada, aunque no exclusivamente al igual que la prostitución, con el llamado sexo débil, es decir, la mujer. De la misma manera, la servidumbre está asociada, mayormente, a las razas y su fatalismo histórico e irracional: negros e indios, fundamentalmente, nutren y sustentan el gran rebaño humano de los servicios.

La estrecha y perversa mentalidad esclavista no es patrimonio exclusivo de un determinado grupo social, tampoco de razas o géneros e, incluso, abarca todas las ideologías y filiaciones políticas que conozcamos. Existen patroncitos fascistas y comunistas; aristócratas; burgueses; sindicalistas; blancos, mulatos y hasta indios que se autocalifican como hacedores del Socialismo del Siglo XXI. Días atrás, un diario virtual entrevistó a Sylvia Rivera Cusicanqui, socióloga y activista boliviana de origen aymara, invitada de honor a la Feria del Libro de Quito, Ecuador, para hablar sobre la colonización en la sociedad moderna. Con transparencia y honestidad impresionantes, esta mujer destacó aspectos muy importantes de la falacia que domina el discurso de las agendas plurinaciones en algunos países del Sur, incluyendo el suyo. La gente habla mientras tiene sirvientas en sus casas, entonces es obvio que no están dispuestos a una descolonización porque sino lavarían platos, pero no hablan del tema y prefieren usar palabras bonitas. El colonialismo tiene a las palabras como papel encubridor; vivimos un colonialismo republicano. Fuertes palabras, sin duda, que no dejan muy bien parados a gobiernos populistas como el de Evo Morales en Bolivia, y de Rafael Correa en Ecuador.

La sociedad actual con su vorágine explosiva, su dinámica veloz y agresiva, así como su torcida estructura afianzada en la competencia como rectora de las relaciones sociales, es capaz de institucionalizar  la servidumbre como mecanismo benefactor a la vez que, supuestamente, intenta crear una empleomanía saludable y útil para la sociedad. Semejante aberración es, entre otras cosas, producto de la aceleración indiscriminada que instaura la tecnociencia en los modos de producción y las relaciones sociales de los individuos; además de las crecientes necesidades superfluas que se establecen en el imaginario colectivo, y que privan al sujeto de la posibilidad de ocio y de una vida quieta y de intimidad. Es decir,  la convulsión psicobiológica que se nos induce, con todas las manifestaciones de carácter sociocultural que esto produce, nos lleva a sacrificar la sacrosanta privacidad de la existencia en nombre de un falso bienestar. Porque cuando tenemos que utilizar los servicios domésticos de personas ajenas, estamos coartando la salud de nuestro albedrío hogareño, y mutilando los presupuestos espirituales capaces de ofrecernos la verdadera paz interior y familiar.

Aquí en Buenos Aires, por ejemplo, es normal ver a una honesta e inteligente profesional a quien su trabajo, supuestamente, le impide prescindir del servicio doméstico. Aún cuando esta sensible mujer es capaz de pagarle a su doméstica todo lo referente a lo que aquí se conoce como cargas sociales, que incluye un seguro médico básico y jubilación, no logra, sin embargo, safarse conscientemente de los condicionamientos históricos y sociales que la sociedad le impone al individuo respecto a la servidumbre, y tampoco es capaz de racionalizar o sentir la restricción espiritual de su vida que esto constituye.