jueves, 2 de diciembre de 2010

De la esclavitud doméstica


El oficio de mamá Inés es tan antiguo como el de la prostitución. Históricamente la esclavitud doméstica ha estado estrechamente vinculada, aunque no exclusivamente al igual que la prostitución, con el llamado sexo débil, es decir, la mujer. De la misma manera, la servidumbre está asociada, mayormente, a las razas y su fatalismo histórico e irracional: negros e indios, fundamentalmente, nutren y sustentan el gran rebaño humano de los servicios.

La estrecha y perversa mentalidad esclavista no es patrimonio exclusivo de un determinado grupo social, tampoco de razas o géneros e, incluso, abarca todas las ideologías y filiaciones políticas que conozcamos. Existen patroncitos fascistas y comunistas; aristócratas; burgueses; sindicalistas; blancos, mulatos y hasta indios que se autocalifican como hacedores del Socialismo del Siglo XXI. Días atrás, un diario virtual entrevistó a Sylvia Rivera Cusicanqui, socióloga y activista boliviana de origen aymara, invitada de honor a la Feria del Libro de Quito, Ecuador, para hablar sobre la colonización en la sociedad moderna. Con transparencia y honestidad impresionantes, esta mujer destacó aspectos muy importantes de la falacia que domina el discurso de las agendas plurinaciones en algunos países del Sur, incluyendo el suyo. La gente habla mientras tiene sirvientas en sus casas, entonces es obvio que no están dispuestos a una descolonización porque sino lavarían platos, pero no hablan del tema y prefieren usar palabras bonitas. El colonialismo tiene a las palabras como papel encubridor; vivimos un colonialismo republicano. Fuertes palabras, sin duda, que no dejan muy bien parados a gobiernos populistas como el de Evo Morales en Bolivia, y de Rafael Correa en Ecuador.

La sociedad actual con su vorágine explosiva, su dinámica veloz y agresiva, así como su torcida estructura afianzada en la competencia como rectora de las relaciones sociales, es capaz de institucionalizar  la servidumbre como mecanismo benefactor a la vez que, supuestamente, intenta crear una empleomanía saludable y útil para la sociedad. Semejante aberración es, entre otras cosas, producto de la aceleración indiscriminada que instaura la tecnociencia en los modos de producción y las relaciones sociales de los individuos; además de las crecientes necesidades superfluas que se establecen en el imaginario colectivo, y que privan al sujeto de la posibilidad de ocio y de una vida quieta y de intimidad. Es decir,  la convulsión psicobiológica que se nos induce, con todas las manifestaciones de carácter sociocultural que esto produce, nos lleva a sacrificar la sacrosanta privacidad de la existencia en nombre de un falso bienestar. Porque cuando tenemos que utilizar los servicios domésticos de personas ajenas, estamos coartando la salud de nuestro albedrío hogareño, y mutilando los presupuestos espirituales capaces de ofrecernos la verdadera paz interior y familiar.

Aquí en Buenos Aires, por ejemplo, es normal ver a una honesta e inteligente profesional a quien su trabajo, supuestamente, le impide prescindir del servicio doméstico. Aún cuando esta sensible mujer es capaz de pagarle a su doméstica todo lo referente a lo que aquí se conoce como cargas sociales, que incluye un seguro médico básico y jubilación, no logra, sin embargo, safarse conscientemente de los condicionamientos históricos y sociales que la sociedad le impone al individuo respecto a la servidumbre, y tampoco es capaz de racionalizar o sentir la restricción espiritual de su vida que esto constituye.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y por acá les tocó el mameyaso a Evo Morales y a Correa.

Estás seguro de que Evo Morales tiene servidumbre doméstica, avasallada y pisoteada?
Estuviste en su casa alguna vez?

Supiste algo de las criadas en los años 20,30,40,50, etc ? Sabes como era la cosa?

Anónimo dijo...

Hay una servidumbre más triste; la espiritual, esa es peor porque es inconsciente y genera daño en quien la padece y en quienes rodean al esclavo.

Anónimo dijo...

Tambien hay otra servidumbre inconsciente que es la servidumbre a la duda perenne y a la inseguridad de las ideas.
Los que la padecen jamás se encuentran, jamás se reconocen en un entorno y todo les parece una incertidumbre.
Una dosis de crítica e inconformidad es saludable, pero la obsesión enfermiza de estas corrientes destruye todo lo creativo que pudiera haber en quienes padecen de hipercriticismo.
Entonces da miedo separar lo bueno de lo malo y se cae en la mediocridad.
Esto es pensando de la mejor manera posible y no queriendo pensar en otras deformaciones.

Amiga.

Anónimo dijo...

Veo que hay acuerdos entre amigas victimas de la servidumbre espiritual.
"Es posible que uno mismo se proporcione su estiércol, que lo cargue a donde vaya, todo es posible, es posible el olvido y la muerte de las utopías..."
Fragmento extraido de "Las obras de las amigas"