

Por: Alexis Figueredo
Todo documento de civilización, es al mismo tiempo un documento de barbarie.
Walter Benjamin.
Walter Benjamin.
Cuenta la historia que en el siglo XVI, el Harén del Sultán Kilji Ghiyas-ud-Dinar, llegó a tener en su haber unas 15.000 féminas, para las cuales construyó una ciudad aparte. Hay en este dato un indicador implícito (aunque parezca paradójico) que sugiere libertad; y al leerle, mi imaginación se torna incapaz de concebir a la totalidad de esas mujeres oprimidas -todo el tiempo- por un sólo hombre. Si a esto le añado la expresión de los ecuánimes, desenfadados y hasta extasiados rostros que se observan a través de la pinturas que recogen el sentir y el espíritu de -este particular- en esa época, no puedo más que arriesgarme a aceptar que existía una especie de estabilidad y armonía anímica por parte de las involucradas y pertenecientes al Harén de entonces. No quiere esto decir que todos los harenes eran una panacea ni el paraíso terrenal, pero me niego a aceptar la satanización o anatema generalizado que ha establecido Occidente al respecto. Estigma que cumple como objetivo fundamental la institucionalización y pretensión de globalización del matrimonio monogámico moderno, como único ritual ético y moral capaz de ofrecer la felicidad de nuestra especie. Y creo que es en este punto: la hipocresía que impone el matrimonio, donde radica precisamente el meollo de este asunto.
La cultura occidental es hipócrita en esencia y en su naturaleza, está estructurada sobre un doble rasero y una ambigüedad que, es a su vez, propiciada por el culto a la represión del sujeto a través de los sutiles mecanismos de control social que establece. La transmisión del patrimonio como valor fundamental dentro del origen del matrimonio, constituye la raíz torcida que se ha ramificado a casi todas las esferas y patrones de nuestra sociedad. Valores sinuosos e impuestos que, a estas alturas, pasan desapercibidos -incluso- para muchos defensores y luchadores de minorías y grupos sociales discriminados y no aceptados en la sociedad tradicionalmente. Es por eso que podemos observar en la actualidad, como las feministas, por ejemplo, tratan en su lucha -en ocasiones y como finalidad- de aspirar o llegar a ser como los causantes de sus desvelos: los hombres. Otra muestra de esto lo vemos en la comunidad gay que lucha por legalizar el matrimonio para - de esta forma- poder disfrutar de las hipócritas prebendas que ofrece la sociedad a sus disciplinados y manipulados ciudadanos, y así, poder insertarse dentro del rebaño social y monocorde. Ambos, tanto las feministas como la comunidad gay, entre otros, pierden de vista la causa real que provoca su alienación.
La hipocresía occidental se exacerbó y alcanzó su mayor notoriedad a partir de la transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna. Anteriormente, en la estructura familiar de la aristocracia no existía en términos de cultura el sentimiento de intimidad familiar como vínculo especial entre el matrimonio y entre padres e hijos. En la sociedad aristocrática, el amor erótico se practicaba fuera del matrimonio, y esto era aceptado por un lado, mientras causaba el horror de la burguesía por el otro. En el seno de las familias aristocráticas no había intimidad. Más tarde y a partir del siglo XVIII, vino la revolución cultural que dio paso al llamado "movimiento sentimental" donde el matrimonio se convierte en el único móvil "decente" capaz de viabilizar los sentimientos del ser. El sexo y el erotismo son, a partir de aquí, sólo posibles dentro del matrimonio; la mujer sigue siendo un objeto del hogar, pero en materia de sexualidad se establece la "moral sexual".
El Harén debe ser criticado y juzgado por su irracional metodología en cuanto sometimiento obligatorio e imposición, y cuando en su seno se practican atropellos y abusos en contra de la mujer. Es por esto que yo abogo por la democratización del Harén y no por su eliminación. En un artículo a modo de reseña, titulado Las ventajas de estar hueco (en un mundo demasiado lleno) y escrito por el filósofo español Santiago Alba, se nos informa que una de las escritoras españolas más libres y lúcidas del siglo XX, Rosa Chacel, concluyó que: “El lugar natural de la mujer es el Harén”. En dicho texto, Santiago Alba pasa seguidamente a interpretar y sintetizar el mensaje de la novela Riwan o el camino de la arena, escrita por otra mujer, Ken Bugul (Senegal), quien insiste narrativamente en que "la verdadera alienación es el feminismo y que la verdadera liberación debe pasar por una re alienación en las propias fuentes. Hay una alienación ajena y una alienación auténtica. Hay una liberación alienante y una alienación liberadora. Las mujeres occidentales, sometidas al mismo tiempo a las tensiones del mercado y a las del ideario feminista, no sólo no reciben ya cuidados sino -mucho peor- sienten vergüenza de darlos; mientras que el Harén es, además de una máquina de cuidar al hombre macho, una red cálida de cuidados y solidaridades recíprocas. Las mujeres occidentales, sumidas en el estrés de la igualdad, han olvidado lo que es la sexualidad; mientras que el harén es más libre, más excitante, más sutil, más sensual, más transgresor, gracias al sistema cerrado de estímulos y compensaciones siempre activo en su interior." Bagul, añade que "Las mujeres occidentales luchan sin cesar contra (o sucumben vergonzosamente a) la posesión celosa; mientras que el harén arranca de raíz toda pretensión de exclusividad amorosa."
La sociedad occidental contemporánea - con sus altisonantes paradojas- ha masificado el Harén de una manera obscena y sutil, a través de sus mecanismos de economía de mercado donde la mujer ha pasado a ser una mercancía muy apetecida en este nuevo mundo corporativo. Hoy en día, las féminas han pasado a engrosar en primera fila el ejército gigante de esclavos del éxito; donde estética y sometimiento se fusionan, para hacer de ellas un objeto más dentro del marketing de las imágenes. Sin embargo, hay que destacar la habilidad y astucia de los Sultanes de los harenes actuales, quienes han modernizado el Harén en detrimento del matrimonio compartido en su legalidad. Un ejemplo muy emblemático de esto es el multimillonario Hugh Hefner, dueño del Imperio Playboy, quien a pesar de estar casado con una de sus 'conejitas', comparte lecho con cuanta aspirante a su reino desee. He aquí, un moderno Sultán en el mismísimo seno de Occidente. Pero en honor a la verdad, hay que destacar que es Occidente, con sus mecanismos de hipnotización e idiotización (donde la estética doblega y subordina a la ética) un Harén global.
El deseo animal y primitivo no puede ser reprimido a través del matrimonio; es por esto que el modelo de estabilidad anímico que promueve el modelo familiar burgués es hipócrita e irracional. El proyecto de existencia del ser humano debe ser libre y estar exento de ataduras discriminatorias y falaces. La gran mayoría de los seres humanos, no somos capaces de entender y hacer uso de la libertad de elegir y formarnos una identidad del modo que consideremos adecuado. Creo que, dentro de los modelos de organización social que el hombre ha experimentado, fueron las Sociedades Tribales las más sublimes y emancipadas espiritualmente.
Ilustración: Pintura de Harén (siglo XVI)
Foto: Harén del siglo XXI (esclavas de la compañía Victoria Secret, conocidas eufemísticamente como "modelos")
4 comentarios:
Ay Niafunké, el haren, yo prefiero llamarlo harem, existe en la realidad y se esconde en la hipocresía de los hombres, o dígame de qué manera se califica a aquellos sultanes criollos que viven con una y comparten su rutina con dos tres, cuatro o cinco. ¿Quién impone las reglas, la sociedad, la conveniencia, la deshonestidad o la conciencia individual?
Todas las relaciones humanas son una farsa, todos los hombres y mujeres están con alguien y sueñan con los demás, porque a nadie le gusta estar atrapado en sentimientos ni en exclusividades. Lo que está mal planteado en las relaciones humanas es la esencia, no la forma. Los seres humanos son igual de animales a los otros y se mueven por instintos similares y primarios, la sociedad ha “refinado” el instinto y lo ha disfrazado con palabras almibaradas, pero el primer cruce entre dos seres humanos que se gustan, está dictado por el instinto y hombres y mujeres cuando fijan la mirada en el opuesto (o en el mismo) sexo, sólo están dando rienda suelta al instinto y han olfateado como cualquier animal a su presa.
La desventaja (teórica) del harem es que sólo existe para los hombres, la ventaja es que en la práctica en esta sociedad occidental, todos y todas, tenemos nuestro harem, a nuestro estilo.
Precisamente, por algunas de las razones que ud. expone, como la "desventaja teórica del Harem" para las mujeres y el "instinto" reprimido a lo que yo denomino "deseo", es por lo que titulé el texto como "La democratización del Harén" y por lo que lo inicié con la cita de Walter Benjamin acerca de la civilización como mecanismo de barbarie.
Saludos y gracias por leer y comentar.
De cualquier manera está genial el texto.
Muchas gracias...
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